Algunas son rigurosas. Algunas son valiosas. Muchas representan una inversión real de tiempo y esfuerzo de parte de los profesionales que las obtienen.
Y el desempeño promedio de los proyectos de construcción en Latinoamérica no mejora al ritmo que esa inversión colectiva debería producir.
¿Por qué?
Porque las certificaciones forman mejores gestores dentro del modelo existente. No cuestionan el modelo.
Un profesional más certificado que aplica el mismo paradigma de gestión produce resultados marginalmente mejores dentro de ese paradigma. No produce el salto estructural que la industria necesita.
El salto no viene de tener gestores más entrenados en las herramientas actuales.
Viene de cambiar las preguntas que esos gestores se hacen. De cuestionar los supuestos que gobiernan cómo conciben un proyecto, cómo modelan su comportamiento, cómo diseñan su capacidad, cómo gestionan su variabilidad.
Eso no se certifica. Se construye con rigor intelectual, experiencia de campo y disposición genuina a cuestionar lo que se da por sentado.
La industria latinoamericana tiene los profesionales. Lo que necesita es el marco conceptual que eleve el nivel de las preguntas que se hacen.
