Es el número que todos reportan. El que aparece en cada reunión de seguimiento. El que el cliente espera ver crecer semana a semana.
Y es, probablemente, el indicador con menor poder predictivo de todos los que usamos.
El porcentaje de avance mide cuánto se ha construido respecto a lo planificado. Nada más. No dice nada sobre la estabilidad del sistema que produjo ese avance. No revela si la capacidad está saturada. No captura la variabilidad acumulada. No anticipa el comportamiento futuro.
Un proyecto puede mostrar 65% de avance y estar en deterioro estructural irreversible.
Otro puede mostrar 45% y tener un sistema perfectamente estable, con capacidad para acelerar de forma controlada.
El número es idéntico en su forma. Las situaciones son radicalmente distintas. Y el porcentaje de avance no distingue entre ellas.
Lo que falta es contexto sistémico: ¿a qué nivel de utilización se produjo ese avance? ¿Qué variabilidad absorbió el sistema para lograrlo? ¿Cuánto margen operativo queda?
Sin esas preguntas, el porcentaje de avance es una fotografía sin escala. Muestra algo. No explica nada.
