Reuniones Last Planner estructuradas. Compromisos documentados. PPC sostenido por encima del 90% durante meses. El equipo estaba orgulloso, y con razón.

En la semana 34, el sistema colapsó.

No hubo un evento dramático. No hubo un error evidente. La acumulación silenciosa de semanas de alta utilización, buffers inexistentes y secuencias sin margen operativo simplemente llegó a su límite.

Lo que el PPC no había capturado: la tasa de llegada de trabajo nuevo seguía superando la tasa de producción real. El sistema absorbía variabilidad a costa de su propia holgura. Cada semana "exitosa" había consumido un poco más del margen que lo mantenía estable.

El PPC mide confiabilidad de compromisos. No mide estabilidad estructural del sistema.

Son cosas distintas. Y confundirlas tiene consecuencias concretas.

Un sistema puede cumplir compromisos semanales y estar acumulando fragilidad. Puede parecer sano y estar deteriorándose. Esa diferencia no es visible en el tablero Lean.

Es visible en la modelación de capacidad.